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Los Objetivos De Desarrollo Sostenible De La Onu: Objetivo 9: Industria, Innovación e infraestructuras

¿Qué es un pacto social inclusivo y sostenible?

Estamos en una década que demanda soluciones y cambios de parte de todos. Muchos apostamos a la innovación y a una mejor infraestructura para mejorar la calidad de vida y generar un crecimiento sostenible e inclusivo. Las Naciones Unidas, también. De hecho quiere cumplir estos objetivos, en nueve años, en las regiones más desfavorecidas. Pero el camino por delante es complejo ya que hay que rebanar muchas capas de desigualdad de los bloques fundamentales que conforman una sociedad. 

A diario nuestras decisiones contribuyen al progreso social y económico e influyen en los contratos sociales de todos. No solo se trata de inventar más cosas que nos hagan la vida más conveniente a unos pocos, mientras que otros viven midiendo sus recursos o medio sobreviven con una escasez de estos casi inimaginable. 

En estos momentos, Latinoamérica vive una realidad de desigualdad mucho más agresora que el Covid-19. El bajo nivel de empleos decentes y de justicia social es alarmante. No existe el diálogo público y gubernamental justo que permita crear sistemas de protección social equitativos y universales para que todos disfruten de una vida sana con oportunidades de crecimiento colectivo y personal. Lo que sí se discute, tanto en las calles como en las oficinas, resulta ser a favor o en contra de la desigualdad.

Un informe reciente sobre los países latinoamericanos lo pone muy claro. Este estudio, Atrapados: Alta Desigualdad y Bajo Crecimiento en América Latina y el Caribe, de El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, concluye que:

“América Latina y el Caribe es una región de grandes contrastes, donde la riqueza y la prosperidad coexisten con la vulnerabilidad y la pobreza extrema. La lista de contrastes es larga y conocida. La región se caracteriza también por un crecimiento muy volátil y, en promedio, bajo, explicado por una productividad muy baja. Este Informe Regional de Desarrollo Humano sostiene que la región se encuentra, de hecho, en una doble trampa de alta desigualdad y bajo crecimiento. Estos dos fenómenos interactúan en un círculo vicioso que limita la capacidad de progresar en todos los frentes del desarrollo humano. Es necesario comprender la naturaleza de la trampa para liberarse de ella”.

Dentro de este marco, me pregunto ¿cómo puede lograr la ONU su meta, por lo menos en Latinoamérica, y si está escuchando a la gente? De aquí al 2030, la ONU propone desarrollar infraestructuras fiables, sostenibles, incluidas infraestructuras regionales y transfronterizas. Se desea aumentar significativamente la contribución de la industria al empleo y al producto interno bruto, de acuerdo con las circunstancias nacionales, y duplicar esa contribución en los países menos adelantados y apoyar los esfuerzos científicos, entre otros objetivos. 

Pero este informe nos llama primero a “explorar la complejidad de las interacciones entre algunos de los factores que contribuyen a la perpetuación de la desigualdad y el bajo crecimiento”. Porque si solo se trata de arreglar las cosas con políticas fragmentadas, una perspectiva de corto plazo, esto en algunos casos profundiza las distorsiones existentes, dice el informe.

Si pudiéramos tan solo explorar esta complejidad en nuestros países Latinoamericanos y motivarnos a idear soluciones a nivel micro, múltiple y comunitario empezaríamos a rebanar las capas de lo que llama este estudio, “la concentración de poder; la violencia en todas sus formas, política, criminal y social; y los elementos de diseño de los sistemas de protección social y de los marcos regulatorios de los mercados laborales que introducen distorsiones a la economía.”

Según este estudio, existe un acuerdo abrumador entre la población latinoamericana de que sus países son gobernados en interés de unos pocos grupos poderosos y no por el bien de todos. Pienso, entonces, que le queda a la ONU concentrar sus recursos en la innovación y el progreso tecnológico, en nuevas infraestructuras y en la ciencia, que priorice el desarrollo de derechos humanos y el bienestar de la Tierra y todas las especies de habitantes. Porque nuestras acciones presentes y futuras tienen que considerar nuestra situación ambiental. 

El diálogo sobre la desigualdad y la justicia social ya está abierto, le ha costado la vida y el futuro a muchos, desde niños y viejitos desnutridos, hasta manifestantes en las calles y madres solteras. Ahora, la ONU tiene que respaldar un diálogo provechoso utilizando también la tecnología, nuevas infraestructuras y la ciencia como puentes de conexión para amplificar las voces de todos. En esta década, la ONU debe apoyar iniciativas que protejan a las comunidades y las empoderen a renovar sus contratos sociales de una manera justa, equitativa y positiva.