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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU: Objetivo 8: Trabajo decente y crecimiento económico

Objetivo ocho de la ONU merece una revisión a fondo.

Hoy tenemos la oportunidad de abordar el tema de la desigualdad a través de lo que es un trabajo decente para todos. Si desglosamos que es un empleo o trabajo decente, podemos anular una lista larguísima de lo que no se aplica. Cualquier trabajo que pone en peligro al trabajador o su familia o su comunidad, o que causa daño al medio ambiente, o que fomenta la violencia física o emocional de cualquier individuo y su comunidad o pueblo tendría que escribirse en esta lista.

En el mundo entero, los problemas sociales más grandes están relacionados a sistemas económicos que a su vez engrandecen las dificultades de las personas empobrecidas y favorecen a los que tiene más, mucho mucho más. Bajo estos sistemas, para el que está en una situación de pobreza, la vida se trata de remover estas dificultades o encararlas para poder llevar la vida de la mejor manera posible y retener lo que se consigue con tanto esfuerzo. Para los que tienen un poco más y son denominados clase media, se abren las opciones de soñar pero todavía hay tanto que batallar. Para el rico o el millonario o archimillonario, su batalla se trata de cómo manejar tanto dinero, recursos y poder. 

En su libro, Un mundo de tres zeros, el ganador del Premio Nobel de la paz, Muhammad Yunus, lo pone así:

En 2010, Oxfam afirmó que las 388 personas más ricas del mundo poseían más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, un grupo que incluía un estimado de 3.3. mil millones de seres humanos. En ese entonces, esto se consideró una estadística vergonzosa y se informó como tal en todo el mundo. Pero en los años siguientes, el problema ha empeorado mucho. En enero de 2017, Oxfam anunció que el grupo ultra privilegiado que posee una riqueza superior a la de la mitad inferior de la población mundial se ha reducido a solo ocho personas … ”. 

Digamos que los miembros de Las Naciones Unidas no se olvidaron que este es un contribuyente principal a la multitud de problemas sociales y ambientales que sufrimos y se debe remediar. En su lista de objetivos sostenibles para el 2030, el octavo aborda la desigualdad económica. Esta meta es la de tener un crecimiento económico inclusivo y sostenido que pueda impulsar el progreso, crear empleos decentes para todos y mejorar los estándares de vida.

No hay forma de decir que la ONU está avanzando en este objetivo, salvo en algunos sectores y no de ellos puede ser en la modernización tecnológica y la innovación. Porque con la educación, se hacen muchos saltos, como lo sabemos. 

Pero la pandemia ha puesto en desventaja a los más vulnerables y también ha alterado las economías de muchos países. Según la UNO, “el Fondo Monetario Internacional prevé una recesión mundial” y “a medida que se intensifica la pérdida de empleo, la Organización Internacional del Trabajo estima que cerca de la mitad de todos los trabajadores a nivel mundial se encuentran en riesgo de perder sus medios de subsistencia”

Me incomoda escribir estas malas noticias, porque todos tenemos la esperanza de que las cosas cambien. Tenemos en este país un nuevo presidente, hay más ofertas de empleo y subvenciones, nuestras comunidades locales circundantes tienen residentes y grupos que se dan la mano los unos a otros, y todavía veo un mundo de desperdicio de comida buena en la basura de tantos establecimientos. Muchos no tenemos un sentido de escasez, a pesar de todos los problemas sociales que enfrentamos. Pero aun así, la desigualdad nos afecta tanto.

De todos los 17 objetivos que la ONU, se ha propuesto cumplir para el 2030, este es el más débil. La ONU promueve el tener trabajos decentes o justos bajo “estructuras económicas que no son sostenibles” para mi.   

Los dejo con la sabiduría de Yunus, el hombre que creó con los préstamos de microcréditos, un movimiento económico que ha ayudado a sacar a millones de familias de la pobreza.

 “…el capitalismo… ha producido asombrosos avances tecnológicos y enormes acumulaciones de riqueza, pero a costa de crear una enorme desigualdad y los terribles problemas humanos que la desigualdad fomenta. Necesitamos abandonar nuestra fe incondicional en el poder de los mercados centrados en las ganancias personales para resolver todos los problemas y confesar que los problemas de las desigualdades no se resolverán con el funcionamiento natural de la economía tal como está estructurada actualmente. Por el contrario, los problemas se agudizan cada vez más rápidamente”.